Liberalismo de Mises

Liberalismo de Mises : sustituir el viejo gobierno

Liberalismo de Mises: Cuando la mayoría anhela sustituir el viejo gobierno

 

Por NIZA VALDIVIA GOMEZ

Abogada y Licenciada de Ciencias Jurídicas

Candidata a Maestría en Filosofía, UFM- Guatemala.

Una de las grandes obras de Ludwig Von Mises es Liberalismo, pues ahí concentra todas las ideas fundamentales en torno a la propiedad-Libertad-Prosperidad. Y uno de los apartados de su capítulo 1, quizás el más reflexivo en la actualidad, es el apartado 8 La Democracia, principalmente por todas las ideas anarquistas que surgen desde décadas en torno a la idea del Estado y su intención de aniquilación, lo cierto es que Mises en este punto es claro en indicar que el Estado, para todo liberal, es una necesidad absoluta que debe proteger la propiedad privada y propiciar la paz. Frente a este concepto fundamental de Estado, no es indigno bajo ningún aspecto que un hombre sea gobernado por otros, pues en variadas funciones administrativas de ese mismo Estado, se requiere profesionales, técnicos, especialistas que coadyuven en la buena administración, pero paradójicamente se ha sembrado la idea contraria, que no es digno que alguien se deje gobernar por otros, sino que debe ser el pueblo el que gobierne. Ante ello, Mises escribe “La teoría pseudodemocrática del Estado se basa enteramente en esta idea de la particular distinción y dignidad del ejercicio de todas las funciones de gobierno (…)”[1], por lo que mucho de estas teorías han pasado a formar parte de un sin números de ideologías del siglo XXI, que tienden a desvirtuar la esencia de un Estado y la protección de una nación.

Muchos son los que pregonan utopías del gobierno por el pueblo y para el pueblo, sin embargo, ninguno es capaz de señalar de qué forma y cómo eso traería un éxito que se prolongue en el tiempo. No obstante, existen instancias en que ese mismo Estado, ese mismo gobierno se ve en la presión ineludible de recurrir a ese pueblo, a esa voluntad popular, a esa soberanía rousseauniana basado en un pacto social escrito hace siglos atrás, y esas instancias son las nefastas guerras civiles, revoluciones, estallidos sociales, golpes de Estado, donde luego el pueblo es sometido a decidir, para bien o para mal, en un plebiscito, no sobre lo que racionalmente es lo mejor para un país, sino en lo que emocionalmente sienten que es lo mejor. Y sobre este punto, Mises, ya ponen en el tapiz la importancia de la llamada Opinión Pública, pues esa misma fuente mediática impulsa el pueblo, bajo información sesgada y manipulable, a la convicción de qué es lo mejor para ese pueblo, de manera tal que, si logran convencerse de forma férrea y apasionada de que es necesario y también posible cambiar, y a su vez, derribar la arquitectura de un gobierno, por un nuevo régimen que para ellos es mejor, el antiguo régimen tiene, indudablemente, sus días contados, y será allí donde la mayoría impondrá su fuerza, su violencia, hasta conseguirlo, será en esa instancia en donde la democracia se disloca, se desnaturaliza. Todo ello es lo precisamente el liberalismo quiere evitar, esto es, evitar un derramamiento de sangre con tintes refundistas violentas que acaparan los medios e intoxica al resto de la población.

REFERENCIAS

[1] Mises, Ludwing V. Liberalismo [La tradición clásica]. Editor original: Leviatán &loto, epub base r1.1, p.46.

 

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