Anticipación del Proceso Insurreccional

Por : Alexis López Tapia
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Las últimas semanas se verificó un marcado escalamiento en los atentados terroristas que se desarrollan desde hace décadas en la Araucanía, llegando a producirse un récord de más de 10 atentados incendiarios contra camiones, maquinaria, infraestructura y ataques armados a viviendas en un solo día, en diferentes sectores de la Región, sumando más de 70 atentados y ataques desde el inicio del estado de catástrofe, el pasado 19 de marzo, comprobando categóricamente los análisis y anticipación de escenarios del proceso insurreccional que hemos venido estudiando largamente, parte de cuyos resultados hemos estado presentando en nuestro Canal.

Una de las principales funciones de la Inteligencia, reside en la capacidad para monitorear las vulnerabilidades, riesgos o amenazas para el Estado, y uno de sus elementos cruciales es la función de anticipación, pues

permite identificar las múltiples formas en que una situación es susceptible de evolucionar” […]  “ayuda a reducir incertidumbres” […] y “es de mayor utilidad cuando una situación es compleja[1]”.

Cuando hablamos de anticipación, nos referimos a la determinación de escenarios predictivos, a efectos de “establecer los futuros más plausibles y estimar el potencial de un cambio político de inestabilidad[2]”, proporcionando un marco analítico de escenarios que permita explicar cómo podrían desarrollarse dichos eventos, logrando en lo posible identificar las implicancias políticas futuras, y de este modo, idealmente, mejorando la capacidad de intervención y resolución de la realidad en el ámbito de la seguridad nacional.

Considerando lo anterior, y estando en pleno curso el proceso revolucionario que hemos venido describiendo y anticipando desde hace largo tiempo ¿Qué entendemos por proceso insurreccional? y ¿cómo podemos desarrollar una anticipación de dicho proceso?

Todo proceso insurreccional[3], requiere cumplir con al menos tres condiciones fundamentales para ser efectivo:

    • Ser un “asalto directo o indirecto a instancias significativas del poder político”.
    • Ser una “táctica de acción de masas que coincide en generar cualquier rebelión popular vertebrada políticamente, acompañada de violencia o de la promesa de su utilización”.
    • Y “al igual que otras modalidades de violencia insurgente y revolucionaria, la insurrección extrae su fuerza del apoyo de población adoctrinada y de la debilidad de gobierno que la combate”.

Para este análisis, debemos señalar que el proceso principal de la Insurrección en curso en Chile y el continente, debe ser entendido conforme al modelo predominante que lo orienta y configura, esto es, el modelo de Revolución Molecular Disipada, que hemos comentado en otros análisis.

Además, es importante entender que el rol de los modelos históricos revolucionarios de carácter estructural y superestructural anteriores, -si bien han sido superados estratégicamente-, aún poseen una fuerte influencia táctica en los llamados “Movimientos Populares”, como el Frente Manuel Rodríguez, el MIR, el Movimiento Juvenil Lautaro, el Partido Comunista Acción Proletaria, o más recientemente, la Organización Comunista Revolucionaria, Unidad Social, o la Coordinadora Arauco Malleco, entre otros.

Por ello, junto al modelo principal que conduce la Vanguardia Revolucionaria, en paralelo se desarrollan acciones tácticas propias de “máquinas de guerra” de la lucha cultural gramsciana, del foquismo guevarista, del anarco comunismo, de guerrillas de liberación nacional y descolonización, del maoísmo, trotskismo y del zapatismo entre otras.

Todas esas acciones y los grupos y movimientos que las ejecutan tienen sus propias agendas y objetivos, pero consideradas en conjunto, son parte integral de la insurrección en curso.

Así, la Revolución Molecular Disipada, ha desencadenado un proceso de escalamiento categorial a través de los llamados “Movimientos Sociales” o “Movimientos Ciudadanos”, que sirven al desencadenamiento del proceso insurreccional por medio de la fragmentación social y la generación de moléculas revolucionarias, que dejan atrás toda estructura jerárquica vertical y centralizada.

Así se ejecuta la división de la Nación, planteada ya por Lenin, entre sociedad civil y sociedad política, transfiriéndose el poder desde las estructuras políticas verticales, los partidos políticos, a los llamados “movimiento sociales o ciudadanos” de carácter horizontal y molecular.

Por cierto, a ello ha contribuido enormemente la tesis de la “desideologización”, sostenida largo tiempo por sectores de la derecha deconstruida, que de ese modo dejó el campo libre para el adoctrinamiento sistemático de la sociedad en las categorías de la izquierda insurreccional.

Es dentro de este marco estratégico molecular, que la insurrección promueve entonces el alzamiento horizontal en contra del aparato Estatal, pues –citando al colectivo deconstruccionista francés Tiqqun-

“toda máquina de guerra es por naturaleza, una sociedad, una sociedad sin Estado[4]”.

¿Pero qué es una “máquina de guerra” según este modelo revolucionario?

“La máquina de guerra es el motor de la máquina social, el ser social primitivo descansa totalmente sobre la guerra, la sociedad primitiva no puede subsistir sin la guerra. Cuanta más guerra hay, menos unificación hay, y el mayor enemigo del Estado es la guerra” […]

 “La sociedad primitiva es la sociedad contra el Estado en tanto que es sociedad-para-la—guerra[5]”.

Y su constitución orgánica es la de una “configuración horizontal, no jerárquica, compuesta por grupos independientes sin una dirección única, liberada por lo tanto del «peso de una gestión centralizada»[6]

 A partir de estos sintéticos insumos teóricos, es posible entonces iniciar una fase de contrastación empírica.

En una investigación académica de inteligencia, basada en el registro de rayados murales efectuada el año 2018 por analistas de nuestro canal, se realizó un ejercicio de anticipación por medio del análisis de esos registros, anticipándose dos escenarios fundamentales y de alta probabilidad de ocurrencia que queremos mencionar.

Primero, el estudio estableció un escenario referido a la hegemonía civil de los movimientos sociales, y constataba la alta probabilidad de ocurrencia de un escalamiento categorial e Insurrección, en conjunto a una agudización de conflictos político-sociales a corto plazo[7].

En ese orden, los indicadores principales enunciados en esa investigación, en torno al escenario de alzamiento insurreccional horizontal, fueron los siguientes:

1) Existencia de ánimo hostil.

2) Violencia creciente en la esfera política.

3) Reapropiación de los espacios u ocupación de los espacios privados, por orgánicas o modelos comunitarios: constitución de lenguajes, de sintaxis, de medios de comunicación, y en general, de una cultura autónoma.

4) Creación de fuerzas de autodefensa y dotación de armamento.

5) Instancias de enseñanza sobre técnicas de robo y expropiación.

6) Organización de una red autónoma de abastecimiento.

7) Acciones armadas no adjudicadas, o de Guerra Anónima, en el marco de una guerrilla borrosa, disipada, y bajo una configuración horizontal, no jerárquica.

8) Secuestros y atentados.

Consecuentemente, y en coherencia con el escenario anteriormente descrito, pero ahora desde el punto de vista de la hegemonía institucional del Estado, el estudio también constató la alta probabilidad de ocurrencia de que los actores políticos institucionales se montaran o reprodujeran la discursividad horizontal, para así, mantener su legitimidad social, desarrollándose así un progresivo acatamiento de las llamadas “demandas sociales”[8].

Para ello, los indicadores determinados que validarían la existencia de ese escenario fueron los siguientes:

1) Reactividad por parte de los actores políticos, de acuerdo con determinadas directrices ideológicas.

2) Reproducción de códigos y categorías provenientes de la discursividad horizontal.

3) Anulación de toda capacidad crítica respecto de las llamadas “demandas sociales”.

4) Aprobación e integración política en el orden institucional de los grupos de presión y lobby críticos, y, finalmente:

5) La elaboración y aprobación de leyes conforme a las demandas políticas horizontales.

De este modo, como hemos venido señalando reiteradamente y ha quedado en total evidencia, el Estado –y en particular– el gobierno de Sebastián Piñera no ha hecho otra cosa que ceder y conceder, negociando reiteradamente con el proceso insurreccional en curso desde octubre pasado, siendo así su principal aliado institucional, al que se suman los restantes poderes del Estado, incluyendo el Legislativo, Judicial, Fiscales y Contraloría entre otros.

Así, desde el 18 de octubre del 2019, se produjo un escalamiento categorial en la discursividad urbana, y los registros murales identificados comenzaron a hacer una mayor referencia a un estado de Guerra Civil y el uso de violencia directa contra el Estado y las Fuerzas de Orden y Seguridad.

De este modo, la investigación pudo constatar en las calles a través del registro de consignas murales, un nuevo escalamiento categorial discursivo, en el que se hace una declaración de daño directo contra el Estado y la Nación, en la perspectiva de amenaza latente, progresiva y en aumento del proceso insurreccional.

Algunas de estas consignas son:
    • Chile será la tumba del Neoliberalismo.
    • “La insurrexion es una fiesta”
    • “Para todxs todo!”
    • “Revolución o devastación capitalista”
    • “Es urgente desobedecer A”
    • “Nunca más Desarmadxs A”
    • “Huelga general insurreccional!”
    • “Que arda La Moneda”
    • “Fuego a la ciudad y su progreso”
    • “Quémalo todo”
    • “KE ARDA CHILE”
    • “La crisis es culpa de lxs anarquistas… y somos caleta”
    • “Ke viva el caos y la insurrección A (con estrella del caos)”
    • “Guerra Civil”
    • “Saquen su grito y su bandera somos pobres en guerra la victoria nos espera R”
    • “Ahora es cuando”
    • “Con todo si no pa qué”
    • “A preparar la nueva guerrilla urbana A (dentro de una bomba con la mecha encendida)”
    • “Viva la guerrilla urbana A”
    • “Es hora de sacar las hechizas A”
    • “Busca un arma”
    • “A(r)mate”
    • “Marx y Bakunin están de vuelta”
    • “El niño que no sea abrazado por si tribu, cuando adulto, quemará su aldea para sentir calor”

Ante esta evidencia, constatada y constatable, resulta relevante saber si nos hemos detenido a pensar cómo ha cambiado nuestra realidad, y de qué modo este proceso seguirá su curso.

Para ello, invito a que nos hagamos sólo cuatro preguntas:

    • ¿Qué seguirá ocurriendo con nuestras instituciones republicanas?
    • ¿Cuál será su capacidad de respuesta, si éstas han sido desmanteladas en un modo constante desde hace más de 30 años?
    • ¿Cuáles son las vulnerabilidades, riesgos o amenazas para el Estado en este proceso en curso?
    • ¿Cómo responderá el Estado ante la abierta y evidente llamada a la insurrección violenta, en un nuevo estadio del conflicto, aún más complejo que el que ya nos encontramos desde octubre pasado?

Ante estas preguntas, y ya antes explicada la función de anticipación intelectiva, podemos señalar que es evidente el que una vez constatado el proceso revolucionario en curso -y no existiendo respuesta en ningún orden-, ya sea institucional, a través de una decidida voluntad política para derrotar la insurrección, o a nivel ciudadano, cultural y político a través de un contra discurso que genere contra proceso, es un hecho que la insurrección revolucionaria seguirá avanzando en su proceso de toma del poder, y por ello, es absolutamente posible anticipar la alta probabilidad de ocurrencia de al menos los siguientes hechos, apenas superada aunque sea en parte, la presente crisis sanitaria del Coronavirus:

    • Primero: Transgresión de todos los dispositivos de control, a nivel nacional, en áreas como transporte, normas de tránsito, abastecimiento y convivencia cívica.
    • Segundo: Reactivación, a escala de masas y nivel nacional, de la insurrección revolucionaria, en acciones de desgaste cotidiano, copamiento y saturación. A ello, se sumará un llamado explícito por parte de los llamados “Movimientos Populares” a amplios sectores para sumarse a la revolución en curso, junto a motines carcelarios, cordones populares, atentados a infraestructura crítica, delitos extendidos, saqueos, incendios, corte de carreteras, calles y caminos, atentados explosivos contra puentes, torres de comunicaciones, subestaciones, centrales y torres de transmisión eléctrica, replicando y duplicando el impacto de las acciones revolucionarias que se evidenciaron entre el 18 de Octubre y el 19 de Marzo pasados.
    • Tercero: Fase de institucionalización del proceso de deconstrucción del Estado. Disfuncionalidad y vaciamiento de poder. Será un Estado que no representa a la Nación, sino a un conjunto de grupos que se consideran como sociedades en sí mismas. Un No-Estado en ejercicio del poder a través de la violencia, la coacción, la delincuencia como máquina revolucionaria, el chantaje y la opresión sistematizada hacia la ciudadanía.
    • Cuarto: Agudización terminal de la violencia insurreccional en la Araucanía, no sólo en el orden cuantitativo, sino también cualitativo, emergiendo nuevos métodos en los atentados, y en las armas que serán usadas por la Guerrilla Revolucionaria que opera en la zona, con atentados sistemáticos a pobladores, dirigentes, empresas e instituciones del Estado, infraestructura, transporte, comunicaciones, uso de explosivos de alta potencia, armamento de guerra y control territorial, temporal o sostenido, de zonas rurales y urbanas.
    • Quinto: Suspensión y supresión parcial o continuada del Estado de Derecho en amplios sectores de las principales ciudades del país, conformando las llamadas “Zonas Autónomas Temporalmente Liberadas”, bajo coacción violenta, horizontal, delictiva y molecular de la población civil.
    • Sexto: Ataques sistemáticos, de amplia escala y con uso en aumento de armamento de guerra, contra cuarteles, dependencias y personal de las fuerzas de Orden y Seguridad, junto a la demanda orquestada del retiro de la Policía y las Fuerzas Armadas de las llamadas “zonas liberadas”, como se ha evidenciado en el proceso insurreccional paralelo en curso en Estados Unidos.
    • Séptimo: total doblegamiento del Gobierno y sus sucesores, a los dictados del Nuevo Orden Internacional y el Gobierno Mundial emergente, bajo coacción de organismos supranacionales como la ONU, la OMS, la Banca Mundial, y las grandes Corporaciones Transnacionales, en orden a suprimir en los hechos, la Independencia, Libertad y Soberanía de los Estados Nacionales, ante el Imperio de las órdenes, legislación y políticas globalistas.

Es a esto a lo que estamos siendo enfrentados como Nación, como Democracia y como Estado, y frente a estos hechos, el deber de todo Patriota es Resistir, Defender y Luchar sin rendirse, para preservar la República de quienes quieren destruirla para someternos a un Gobierno Mundial.

Frente a este escenario, la única posibilidad que como ciudadanos nos queda frente a la ausencia de Gobierno y desborde del Estado de Derecho, es la coordinación, articulación, convocatoria y conformación de un único Movimiento de Resistencia Patriota a la revolución en curso, con capacidad de acumular fuerza, generar poder y establecer un contra discurso capaz de determinar un contra proceso que supere y derrote la insurrección.

Patria o Caos. No hay más bandos en el conflicto Nacional y Mundial que se encuentra en curso.

REFERENCIAS

[1] Heuer Jr, Richards J y Pherson, Randolph H. (2015) Técnicas Analíticas Estructuradas para el análisis de inteligencia. Traducción de Rosana Ardanaz, Cristina M. Arribas y Rubén Arcos. Primera edición en inglés, 2010. Plaza y Valdés Editores. Colección Estudios de Inteligencia. Madrid. España.

[2] Op. Cit. Heuer Jr, Richards J y Pherson, Randolph H. (2015).

[3] González Calleja, Eduardo (2002). La Violencia en la Política. Perspectivas teóricas sobre el empleo deliberado de la fuerza en los conflictos de poder. Consejo superior de investigaciones científicas. Colección Politeya. Estudios de Política y Sociedad. Madrid. España. Pág. 505-507.

[4] TIQQUN. (2014) Esto no es un programa. Traducción de Palacio Tauste. Errata Naturae. Pág. 72.

[5] TIQQUN. (2008) Introducción a la Guerra Civil. Editorial Melusina, s.l. España. Pág. 50.

[6] Op. cit. TIQQUN. (2014) Pág. 85.

[7] Castillo Ibáñez, Pablo. Mejías Huerta, Camilo. (2018). Análisis de Inteligencia Comunicacional. Determinación de Estructura Discursiva sobre Registros murales en Santiago Centro. 2014-2018. Tesis para optar al grado de Magíster en Análisis de Inteligencia Comunicacional. Facultad de Humanidades Postgrado Comunicaciones. Santiago, Chile. 2018. Pág. 121.

[8] Op. Cit. Castillo Ibáñez, Pablo. Mejías Huerta, Camilo. (2018). Pág. 111.

 

BIBLIOGRAFÍA
    • Castillo Ibáñez, Pablo. Mejías Huerta, Camilo. (2018). Análisis de Inteligencia Comunicacional. Determinación de Estructura Discursiva sobre Registros murales en Santiago Centro. 2014-2018. Tesis para optar al grado de Magíster en Análisis de Inteligencia Comunicacional. Facultad de Humanidades Postgrado Comunicaciones. Santiago, Chile. 2018.
    • Chile, Ministerio de Defensa Nacional. Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa. Santiago. 9 de agosto de 2012.
    • González Calleja, Eduardo (2002). La Violencia en la Política. Perspectivas teóricas sobre el empleo deliberado de la fuerza en los conflictos de poder. Consejo superior de investigaciones científicas. Colección Politeya. Estudios de Política y Sociedad. Madrid. España.
    • Heuer Jr, Richards J y Pherson, Randolph H. (2015) Técnicas Analíticas Estructuradas para el análisis de inteligencia. Traducción de Rosana Ardanaz, Cristina M. Arribas y Rubén Arcos. Primera edición en inglés, 2010. Plaza y Valdés Editores. Colección Estudios de Inteligencia. Madrid. España.
    • (2014) Esto no es un programa. Traducción de Palacio Tauste. Errata Naturae.
    • (2008) Introducción a la Guerra Civil. Editorial Melusina, s.l. España.

 

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